Maximiliano Kolbe “El apóstol de la Inmaculada” como se lo ha dado en llamar, nació en Zdusnka Wola, próximo a Lodz-Polonia, el 8 de enero de 1894.
Narran sus biógrafos que siendo un niño acostumbraba a rezar detrás de un gran armario que servía de altar a una imagen de Nuestra Señora de Chestozowa; un día su mamá lo sorprendió con los ojos encendidos y con señales de haber llorado mucho. Le pregunta:
“A ver Ramoncito, ¿qué te pasa? ¿Por qué lloras como una niña? ¿Estás enfermo?”. Maximiliano no contesta -su mamá insiste- “A ver, hijo mío, cuenta a tu mamá todo lo que te pasa; obedéceme”. Responde el Santo “¡Oh, mamá, por nada del mundo quisiera desobedecer, ahora que la he visto!”.
Llorando, emocionado relata a su madre lo siguiente:
“Cuando tú, mamá me dijiste aquel día, enfadada por mis travesuras: Ramón, ¿qué vas a ser tú el día de mañana con esas mañas y esas diabluras?. Me quedé muy apenado y me fui a preguntar a la Virgen lo que yo había de ser más tarde”.
“Luego, en la Iglesia, se lo volví a preguntar de nuevo. Entonces, la Virgen se apareció, llevando en sus manos dos coronas, una blanca y otra roja. Me miró con amor y me dijo que cuál de las dos escogía. La blanca significaba que yo sería siempre puro; la roja, que había de morir mártir. Sin vacilar, yo respondí a la Virgen: escojo las dos. Ella sonrió y desapareció”... Desde ese día, cuando vamos a la Iglesia, me parece que ya no voy con papá y con mamá, sino con la Virgen y San José”.
Muchas veces peregrinó al Santuario de Czestochowa. Perteneció a la Orden Franciscana. Cuando descubre lo que la Virgen desea de él manifiesta:
“Antes no sabía en cual modo luchar por ella. Y hasta pensaba en una lucha con armas verdaderas. Ahora me es claro a cual tipo de lucha la Inmaculada me predestinó”.
Kolbe se sentía y con mucha razón, un privilegiado y predestinado de la Inmaculada:
“Yo vivo por la Inmaculada”.
“La Inmaculada me ha elegido”.
“Me doy cuenta de que la Inmaculada me ha elegido como su instrumento y obra a través de mí”.
“Yo camino con la Inmaculada. ¿Qué diría la gente si supiese que viajo con un solo pulmón? Pero la Inmaculada está siempre conmigo. Ella me acompaña a cualquier parte donde vaya”.
Cuando funda su gran obra de devoción y apostolado: LA MILICIA DE LA INMACULADA, se siente muy temeroso de lo emprendido, reconoce su debilidad y sus limitaciones, pero tiene una confianza absoluta en el poder de la Inmaculada y no duda en dirigirse a Ella como a una verdadera madre:
“Mamaíta, no sé que rumbo tomará todo este asunto pero dígnate hacer de mí y de todos nosotros lo que a ti misma te agrade para la mayor gloria posible de Dios; yo soy tuyo, ¡oh mi mamaíta Inmaculada! Ya ves que soy tan miserable que camino por el borde de un precipicio, que estoy lleno de amor propio; si tú me dejas un instante de tus manos inmaculadas, primeramente caeré en los pecados más graves y después en lo profundo del infierno; sin embargo (no lo merezco de hecho), si no me abandonas y eres mi guía no caeré ciertamente y llegaré a ser santo, un gran santo”.
Sus dos grandes amores fueron la revista “El Caballero de la Inmaculada” y las ciudades marianas de Niepokalnów fundadas en Polonia y Japón. Refiriéndose a la revista, manifestó que debía “llevar a la Inmaculada a las casas para que las almas, acercándose a María reciban la gracia de la conversión”.
Respecto a Niepokalnów (que significa ciudad de la Inmaculada, o mejor, “casa, propiedad y reino de la Inmaculada”), en una breve esquela, el Padre Maximiliano Kolbe resume su obra:
“En Niepokalnów vivimos de una voluntaria y amadísima idea fija: ¡LA INMACULADA! Por Ella vivimos y trabajamos, sufrimos y queremos morir. Deseamos con toda nuestra alma y con todos los recursos modernos que esta idea fija sea acogida por todos los corazones”.
Tan íntimamente unido se sentía a la Inmaculada que no vacilaba en decir a sus seguidores:
“Quién no ama a la Inmaculada hasta sacrificarlo todo por Ella -pobreza- hasta sacrificarse totalmente a sí mismo -obediencia-, abandone el suelo de Niepokalnów”.
En una charla que dictó el 28 de agosto de 1939, de un modo profético, anunció su martirio, que tan ardientemente deseaba:
“Sufrir, trabajar, morir como un caballero no de muerte común, sino, por ejemplo, de un balazo en la cabeza, para sellar nuestro amor a la Inmaculada, y derramar nuestra sangre hasta la última gota, a fin de acelerar la conquista del mundo para Ella”.
Maximiliano Kolbe hacia finales de 1941, estando prisionero en el campo de concentración de Auschwitz, en un acto de amor, entrega y donación sin límites, se ofrece a morir en lugar del sargento Gajowniczek. En su descenso al búnker del hambre, con una plegaria susurrante se dirige a su dulce “MAMUSÍA” (como cariñosamente la llamaba):
“Señora mía, Reina mía, Madre mía, has mantenido tu palabra, para esta hora he nacido”.
Dos semanas después de sufrir tormentos a causa del hambre, y viendo sus captores que no moría, lo mataron con una inyección mortal el 14 de agosto de 1941.
El lema que inspiró toda su obra fue:
“Nada para sí, todo para la Inmaculada”.
Su vida fue una constante plegaria y renuncia de sí mismo hasta alcanzar el martirio:
“Concédeme alabarte, Virgen Santa, concédeme alabarte con mi sacrificio concédeme por ti, solo por ti, vivir, trabajar, sufrir, gastarme, morir”.
Maximiliano Kolbe fue beatificado el 17 de octubre de1971 por el Papa Paulo VI y canonizado el 10 de octubre de 1982 por el Papa Juan Pablo II.
Maximiliano Kolbe refiriéndose a la Inmaculada, la razón de su vida, nos dejó un gran mensaje, que si lo encarnamos en nuestra vida con su asistencia, nos llevará a la santidad:
“Hijos míos, amad a la Inmaculada; amadla y ella os hará felices, confiaos a ella totalmente”.
“Aquel que ama generosamente a la Inmaculada, se salvará y se santificará él mismo y ayudará a otros a santificarse”.
“Con la ayuda de la Inmaculada, podemos alcanzar la santidad heroica”.
“La Inmaculada, ¡ese es nuestro ideal! Acercarse a Ella y asemejarnos a Ella. Dejar que Ella domine nuestro corazón y todo nuestro ser, que Ella viva y obre en nosotros y por nosotros y que Ella misma ame a Dios con nuestro corazón, para pertenecer totalmente a Ella sin condiciones. ¡Ese es nuestro ideal!”.
“La obediencia manifiesta la voluntad de la Inmaculada”.
“Nuestro fin es acrecentar el amor hacia Ella y abrazar de su amor a todo el mundo. Para este fin trabajamos, sufrimos y queremos continuar trabajando hasta la muerte”.
“Busquemos acercarnos a la Inmaculada con la oración y la penitencia. Si en nuestros corazones arde el amor por ella, con el amor nos vendrán todos los bienes”.
“Es necesario ser santos no a medias, sino totalmente para gloria de la Inmaculada y mayor gloria de Dios”.
“No deseamos consagrarnos sólo nosotros a la Inmaculada. Queremos que todas las almas del mundo presentes y futuras, se consagren a Ella. Nuestra misión es la de convertir y santificar todas las almas por medio de María. Quien está totalmente consagrado a la Inmaculada, ya alcanzó la santidad”.
“Con la ayuda de la Inmaculada te vencerás a ti mismo y contribuirás muchísimo a la salvación de las almas. Déjate conducir por sus manos inmaculadas; sé su instrumento; hasta hoy nadie ha acudido a Ella inútilmente. Confíale todas tus empresas y se dignará obrar. La victoria es segura en sus manos inmaculadas. La vida externa, de apostolado, es fruto de la vida interior. Confía sin medida en la protección de la Inmaculada”.
“Con la ayuda de la Inmaculada, convertiremos al mundo entero. Entonces, ¡a trabajar! Solos, no somos capaces de hacer nada, pero con la ayuda de la Inmaculada, convertiremos el mundo entero; sí, os lo repito: ¡pondremos el mundo entero a sus pies! ¡Por nuestra parte, debemos ser sólo suyos, totalmente, ilimitadamente!”.
“La Inmaculada tiene sus planes y sus intenciones. Nosotros sólo debemos dejarnos conducir por Ella... Cada día, cada instante, cada vez más perfectamente, cuando y como a Ella complace”.
“La Inmaculada es la omnipotencia suplicante. Toda conversión y toda santificación son obra de la gracia, y Ella es la Medianera de todas las gracias. Entonces, Ella sola basta para implorar y dar las gracias”.
“Ella nos dirija totalmente para que nuestro «YO» desaparezca y se consuma; para que nos propongamos, como fin, su causa; para que nos abandonemos completamente a Ella y le pertenezcamos. Estemos atentos a no traicionar este fin y a ser en cada instante más de la Inmaculada. De esto depende todo el rendimiento externo y toda nuestra actividad”.
“Déjate conducir del Espíritu Santo, por medio de la Inmaculada”.
“Devoción al Espíritu Santo por medio de la Inmaculada”.
“Nuestra época es la época de la Inmaculada... y del Espíritu Santo”.
En su reglamento de vida, San Maximiliano Kolbe nos dejó estos mensajes:
“Tu regla sea la obediencia, la voluntad de Dios por la Inmaculada; yo, nada más que un instrumento”.
“Recuerda que eres cosa exclusiva incondicional, absoluta, irrevocable de la Inmaculada... La vida (en todo momento), la muerte (dónde, cuándo y como), mi eternidad, todo es tuyo oh virgen Inmaculada. Haz de mí lo que es de tu agrado”.
A Maximiliano Kolbe también se lo ha dado en llamar “El Caballero de la Inmaculada”.