Domingo Savio nació en Riva Chieri, Piamonte-Italia el 2 de abril de 1842. Ni siquiera se atrevía a mirar los deleites, de este mundo por temor de ofender a su querida Virgen María, por eso cuando en cierta ocasión un compañero, le riñe diciéndole: “¿Para qué tienes ojos, si no lo usas para mirar esas cosas?”. El Santo respondió:
“Quiero usarlos para contemplar el rostro de nuestra celestial Madre María en el Cielo, si con la gracia de Dios fuese digno de ir a verla”.
Tanta veneración le guardaba a la Virgen que no se cansaba de pedirle que le alcanzara la gracia de guardar su corazón, libre de todo afecto impuro:
“María, -decíale- quiero ser para siempre hijo vuestro; Haced que muera antes que cometer un pecado contrario a la virtud de la modestia”.
El 8 de diciembre de 1854 el Papa Pío IX definió como Dogma de fe la Inmaculada Concepción de María. Ese mismo día Domingo Savio fundó la Compañía de la Inmaculada, asociación de jóvenes, conformada por 15 estudiantes.
Entre los deberes dedicados a la Virgen se propusieron:
“Cada día rezaremos alguna oración a la Virgen María y cada sábado haremos alguna penitencia especial en honor de Nuestra Señora (¿una mortificación? ¿Un favor? ¿Una buena lectura?... ¿una oración especial?).
Llevaremos siempre la medalla de la Santísima Virgen, que es la Patrona de nuestra Compañía, y tendremos a la Madre de Dios una gran confianza y un amor de hijos. Ella nos hará vencer las dificultades de la vida, ser valientes para cumplir nuestras buenas resoluciones, amables con el prójimo, y exactos en todo”.
Culmina el reglamento con lo siguiente:
“Bendiga María, la Virgen Madre, nuestros buenos propósitos, Ella que los ha inspirado. Que con su ayuda logremos superar las tormentas de la vida, dar buen ejemplo a todos, ser el consuelo de nuestros superiores y de nuestros padres, y lograr trabajar mucho por la salvación de las almas.
Así después de pasar por este valle de lágrimas, con el auxilio de María logremos alcanzar un día el premio que Dios tiene destinado para los que le sirven en espíritu y en verdad”.
Domingo Savio está considerado como el protector de las madres, (en especial de las que tienen problemas en el embarazo y en el alumbramiento), de los niños en gestación y niños de cuna, como también de los esposos que tienen dificultades para concebir. Al respecto hay un hecho de su vida:
Cuando su mamá está por dar a luz a su cuarta hermanita, Domingo presiente que su mamá está muy enferma y le pide permiso a Don Bosco para que le deje ir a su casa: Don Bosco le pregunta ¿para qué? Domingo le contesta:
Domingo Savio, El 9 de marzo de 1857 cerca de las diez de la noche, (próximo a cumplir los quince años), con el rostro iluminado, antes de expirar dijo:
“Adiós querido papá. ¡Oh que cosas tan hermosas veo!”.
Domingo Savio fue beatificado en 1950 y canonizado el 12 de junio de 1954 por el Papa Pío XII.